
El debate de las infraestructuras està dando para mucho. Incluso para posiciones conceptuales tan sorprendentes como las sostenidas por el escritor Vicenç Villatoro, desde las páginas de El Pais, cuando presupone que la resolución de la gestión presente y futura de las infraestructuras en nuestro país depende de la mayor o menor afección nacionalista de los gobiernos de Cataluña y de España.
Tamaña argumentación puede llevarnos a disparatadas conclusiones. Querría traducir, a su vez, el articulista, que el apoyo del presidente de Gobierno de España al Estatuto de Catalunya corresponde más bien a su pasión culé que no a su modelo de articulación del Estado? Si es así, deberíamos pactar que los ministros de Fomento, presentes o futuros, acrediten que, cómo mínimo, son seguidores del Espanyol (con perdón, Sanchez Libre). En fin...siguiendo el hilo argumental de Villatoro acabaríamos antes en un monólogo humorístico...
Alguien intenta llevar el debate de las infraestructuras a su orilla más fràgil, convirtiendo los problemas nacidos del crecimiento espectacular de la demanda social y económica ( poco prevista y mal estudiada bajo los gobiernos conservadores) de mejora de los servicios de transporte, en categorías interesadas de sectarismo político partidista. De este modo, las interferencias de la obras del TGV sobre el sistema ferroviario de las cercanías, el crecimiento del número de viajeros en los aeropuertos, los colapsos y retenciones en las carreteras catalanas durante los fines de semana de agosto, son a juicio de ciertos nacionalistas belicosos, acontecimientos diabólicos producidos por la simple conjunción de gobiernos progresistas.
El problema es más profundo y las soluciones ( así como sus argumentaciones) deberían ser más sólidas. El dèficit de infraestructuras que padece Catalunya subyace en dos factores: el déficit de planificación territorial y de comunicaciones en Cataluña durante más de 20 años y el consiguiente déficit de inversión pública. No es que debamos mirar siempre al pasado, pero alguna responsabilidad en estos hechos han tenido aquellos a quienes les correspondió el Govern desde la recuperación de la democracia hasta los inicios del siglo XXI.
Hoy, el debate se ha vuelto aún más complejo. No cabe duda que la inversión prevista y anunciada ya por el Presidente Montilla, superior a 18.000 millones de euros superan la información conocida públicamente hasta hoy y tranquiliza sobre les perspectiva inmediata de solución de los problemas. Por otra parte, debemos ser conscientes de que el debate no sólo debe plantearse en términos del presente ( las necesidades de hoy ya son apremiantes), sino en buena parte en términos de futuro ya que la mayoría de las infraestructuras en marcha darán buena respuesta sólo a las necesidades de la próxima década.
Por ello, como no hay planificación eficaz sin un buen análisis de la movilidad creciente, sin objetivos ambiciosos de cohesión social, sin un estudio del crecimiento económico previsto, la posición nacionalista es claramente deficiente. La soflama patriótica reiterativa en la táctica opositora no resuelve la estrategia del país. Y el país y su Gobierno se ven abocados hoy a definir y desarrollar soluciones e inversiones tanto en un presente continuo como para un futuro a medio plazo .
Resta ahora gestionar esta crisis de crecimiento con mano política firme y segura, con los instrumentos de planificación adecuados en marcha y con el máximo consenso entre los actores responsables ( públicos y privados). La salida del atolladero depende de la conjugación eficaz de estos tres vectores.
Tamaña argumentación puede llevarnos a disparatadas conclusiones. Querría traducir, a su vez, el articulista, que el apoyo del presidente de Gobierno de España al Estatuto de Catalunya corresponde más bien a su pasión culé que no a su modelo de articulación del Estado? Si es así, deberíamos pactar que los ministros de Fomento, presentes o futuros, acrediten que, cómo mínimo, son seguidores del Espanyol (con perdón, Sanchez Libre). En fin...siguiendo el hilo argumental de Villatoro acabaríamos antes en un monólogo humorístico...
Alguien intenta llevar el debate de las infraestructuras a su orilla más fràgil, convirtiendo los problemas nacidos del crecimiento espectacular de la demanda social y económica ( poco prevista y mal estudiada bajo los gobiernos conservadores) de mejora de los servicios de transporte, en categorías interesadas de sectarismo político partidista. De este modo, las interferencias de la obras del TGV sobre el sistema ferroviario de las cercanías, el crecimiento del número de viajeros en los aeropuertos, los colapsos y retenciones en las carreteras catalanas durante los fines de semana de agosto, son a juicio de ciertos nacionalistas belicosos, acontecimientos diabólicos producidos por la simple conjunción de gobiernos progresistas.
El problema es más profundo y las soluciones ( así como sus argumentaciones) deberían ser más sólidas. El dèficit de infraestructuras que padece Catalunya subyace en dos factores: el déficit de planificación territorial y de comunicaciones en Cataluña durante más de 20 años y el consiguiente déficit de inversión pública. No es que debamos mirar siempre al pasado, pero alguna responsabilidad en estos hechos han tenido aquellos a quienes les correspondió el Govern desde la recuperación de la democracia hasta los inicios del siglo XXI.
Hoy, el debate se ha vuelto aún más complejo. No cabe duda que la inversión prevista y anunciada ya por el Presidente Montilla, superior a 18.000 millones de euros superan la información conocida públicamente hasta hoy y tranquiliza sobre les perspectiva inmediata de solución de los problemas. Por otra parte, debemos ser conscientes de que el debate no sólo debe plantearse en términos del presente ( las necesidades de hoy ya son apremiantes), sino en buena parte en términos de futuro ya que la mayoría de las infraestructuras en marcha darán buena respuesta sólo a las necesidades de la próxima década.
Por ello, como no hay planificación eficaz sin un buen análisis de la movilidad creciente, sin objetivos ambiciosos de cohesión social, sin un estudio del crecimiento económico previsto, la posición nacionalista es claramente deficiente. La soflama patriótica reiterativa en la táctica opositora no resuelve la estrategia del país. Y el país y su Gobierno se ven abocados hoy a definir y desarrollar soluciones e inversiones tanto en un presente continuo como para un futuro a medio plazo .
Resta ahora gestionar esta crisis de crecimiento con mano política firme y segura, con los instrumentos de planificación adecuados en marcha y con el máximo consenso entre los actores responsables ( públicos y privados). La salida del atolladero depende de la conjugación eficaz de estos tres vectores.